Libertad necesitada

“Dios no sólo promueve la libertad del ser humano, sino que parece necesitarla”. Así dijo Benedito XVI en Santiago de Cuba. El que ahora es Papa Emérito, es para muchos el más grande teólogo de este inicio de Siglo, y nos ha mostrado como nadie el rostro humano de Jesucristo, ese mismo rostro de Misericordia, que el Papa Francisco ha puesto en el centro del actuar de la Iglesia.

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No temas

Nacimiento que se venera a la entrada del Hogar de Ancianos Santovenia de La Habana.

¡No temas María! El Señor está contigo. (Lc 1, 30)
El miedo está especialmente presente en este tiempo en Cuba y el mundo, no sólo por la pandemia, la injusticia o la miseria, también por la incertidumbre del porvenir, los sueños rotos, el desaliento y el cansancio. Nada más parecido a la Palestina de hace dos milenios, cuando una jovencita oraba, se sentía a sus anchas con Dios y podía ver aquella realidad con ojos distintos y decir que Sí a la audacia de lo desconocido, sólo porque Dios se lo propuso y le aseguró Su compañía.*

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La ternura de Dios

¡Felicidades a Iglesia en Marcha por sus 30 años! El proemio del artículo de este boletín dedicado a la celebración comienza con estas palabras:

“Necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que po-seemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros”. Papa Francisco, Mensaje LIV JMCC 2020

Hoy la Iglesia celebra el día de los Comunicadores Sociales, gente a quienes el corazón le arde en Cristo y hablan de ello a los cuatro vientos.

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Propiciadoras de Ternura

«Maternidad», obra en grafito sobre cartulina, que mi hija Ana Laura regaló a mi esposa hoy.

El Arzobispo Dionisio García dice que las madres son las primeras en acercarnos a la Ternura de Dios. ¡Y tiene razón!

Dios les ha regalado esa presencia Suya en el vientre acogedor donde el ser humano recibe el Espíritu ya desde el momento de la Fecundación. No sólo se desarrolla la vida en el útero, también la Humanidad de la persona, que es eterna desde su comienzo.

La Iglesia toda es un Vientre, como el de nuestras madres, donde podemos encontrar calor, alimento y cariño, haciéndonos percibir las señales del mundo, pero de forma más dulce y atenuada, como para que podamos aprender a lidiar con ellas.

Esa Maternidad de la Iglesia es especialmente posible por las mujeres que la habitan, sobre todo esas que son especiales porque que son Madres en el Espíritu de Dios, con independencia de que lo sean o no en lo biológico.

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